Los juegos en la calesita

Clases de Teatro y Actuación

COVIDA 2020: Historias detrás de la pandemia

Serie 1 de cuentos

 

Los juegos en la calesita

por Raquel Just

 

Y sí; un día me levanté como todos los días de año, me empezaron a preparar, me limpiaron me pudieron aceite a las cadenas, hicieron algunos retoques de pintura, nos perfumaron… y listo.

Llegó la hora en la que mis amigos, mis pequeños, mis niños, mis bebes acompañados por sus papás, de sus abuelos, de sus hermanitos… Esperé, y de repente tampoco lo veo a Paco, el Calesitero.

Pasaba la hora y nadie venía. Pensé: «Es un día hermoso; ya deberían haber llegado. Otra opción es la fecha del mes, quizás no tengan plata para pagar la vuelta…». Miraba el reloj; las agujas corrían, y nada. Comencé a observar alrededor y me di cuenta de que nadie caminaba por el parque; nadie corría, nadie andaba en bici, nadie tomaba mate, nadie se asoleaba. Me di cuenta de que no había nadieeeeeee… En se instante una angustia inmensa lleno mi alma, mi corazón, mis pensamientos…

Dos; tres; cuatro días iguales… Ya era insoportable. No entendía qué estaba sucediendo, pero me sumergí en mí e intente sacar todo lo mejor. En ese instante me di cuenta de que hace años que convivo con mis compañeros, ya casi familia, y no sé nada de ellos. Todo el tiempo estamos dando vueltas uno atrás de otro, algunos uno al lado del otro, pero nunca nos hablamos, no sé nada del otro; sí sí, nada del barco, del caballo, del carruaje, del avión, del autito… Estamos todos juntos todo el día, todo el año, toda la vida… ¡y no nos conocemos!

Esa tarde, mientras seguíamos esperando, les propuse un juego: «Amigos… familia –grité-, ¿jugamos a presentarnos entre nosotros? Sí, a presentarnos… ¡Si no nos conocemos!», les dije.  Comencé: «YO ME LLAMO ICO, TENGO 10 AÑOS Y ME ENCANTAN LOS CARAMELOS». Silencio. De repente… «Hola, yo soy Tutu, el autito color rojo, y no voy a decir mis años, pero me encanta el chocolate…».  «Acá acá estoy, yo soy el barco; no me gusta mucho que los chicos me pisen; me encanta la música y me encantaría pisar tierra, jajajajaja».

Y así comenzamos, ¡qué bueno! Ya sabíamos más o menos algo de cada uno. Así, fueron pasaron los días y propuse hacer ejercicios distintos: bailar, cantar, y hasta llorar. El parque seguía sin NADIE, pero a la vez estaban con ellos mismos. Me imaginé que para cada una de las cosas que ocupan una plaza, estaría pasando algo, y yo solo me creaba una historia sobre lo que le estaría pasando al banco, a los juegos, a los bebederos…

Desde ese momento aprendí que todo pasa por algo; en nuestro caso, LA CALESITA, que damos vueltas uno atrás de otro, nos empezamos a conocer, somos compañeros, somos familia, que por años hemos estado juntos y, a la vez, estábamos muy separados.

Esto que pasa ahora y que no logro entender, porque NADIE en ningún lado sabe lo que está pasando, pasará. Y cuando pase, nadie va a volver a estar solo.

Raquel Just (23/03/2020)

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