La búsqueda

Clases de Teatro y Actuación

COVIDA 2020: Historias detrás de la pandemia

Serie 2 de cuentos: Hogares

 

La búsqueda

por Fernando Barletta

 

A ella no le parecía buena idea; decía que no estaba preparada para semejante cosa, que así estaban bien y que no hacía falta forzar una decisión. En cambio, él estaba seguro y pretendía explicarle que no forzaba nada, que su propuesta era una consecuencia natural en la relación.

  • Es un riesgo al pedo. ¿Pasar la cuarentena juntos…? Vos tenés tu casa y yo la mía… Si así estamos bien, amor.
  • ¡Ves! ¡Me dijiste amor!
  • Y si siempre te digo amor.
  • ¡Por eso! Si siempre me decís amor, pasemos la cuarentena juntos. Ponete a pensar, es como si nos fuéramos de vacaciones… ¡Dos fines de semana y cinco días en el medio!

Carola esbozó su típica sonrisa al caer en el encantamiento usual; luego, Gastón la terminó de convencer mientras hacían el amor. La única condición fue que debían dormir separados; él tenía que quedarse en el sillón del living. Pasar la noche juntos sería una excepción a la regla. A él tampoco le pareció mal instalarse en la casa de ella, el balcón de un tercer piso siempre es mejor que un patio en planta baja.

Durmieron juntos las dos primeras noches. A la tercera ella lo echó graciosamente de la habitación ante la insistencia de él por quedarse; en la cuarta, debió ponerse un poco más firme y ya no le dio tanta gracia. En la quinta y sexta él prefirió leer un libro y apagar temprano el velador. Volvieron a disfrutarse en la séptima, y a la siguiente noche nuevamente ella le advirtió que él debía respetar la condición.

No solo fue Carola, también Gastón fue cambiando su humor. Todo este juego le había resultado divertido en un principio, hasta que paulatinamente comenzó a extrañar su mesita ratona del living en la que puede apoyar los pies cuando mira la televisión. Otro inconveniente resultó ser el uso del baño: ¡se había olvidado de que las mujeres pasan horas allí dentro! Al comienzo puso empeño para soportar que ella organizara la secuencia de casi todos los movimientos internos, salvo, claro está, las urgencias sanitarias. Él podía entender perfectamente que, como dueña de casa, determinara las cosas; pero ahora le resultaba algo complicado esperar a que ella terminara de pasarse por el cuerpo alguna de las doscientas cremas que pretendía utilizar cada día.

En el día diez, durante la cena, abordaron más francamente estas cuestiones de la convivencia. Solo él terminó la comida, ella prefirió abandonar la mesa para encerrarse en su habitación deseando que los próximos tres días pasaran rápidamente. Aun así, a la mañana siguiente decidieron poner buena onda y desayunar juntos. Estaba funcionando, se pusieron a conversar sobre un proyecto de ella para importar escarpines térmicos de Noruega. Mientras ella hablaba con entusiasmo y llena de ideas, a él se le vino la imagen de su abuela cuando, de chiquito, la veía tejer botitas de lana para su hermanito recién nacido. Durante el segundo café, el presidente los obligó a quedarse callados; anunciaba la extensión de la cuarentena por dos semanas más. Estuvieron en silencio varios minutos hasta que Carola entró a su habitación y volvió a salir rápidamente para encender un cigarrillo en el balcón.  Gastón la miró con extrañeza y sintió que las cosas estaban verdaderamente mal; ella había dejado de fumar varios años atrás. La vio pitar con ganas, le daba la sensación de que se lo estaba comiendo antes que fumando. Pensó unos instantes y salió al balcón para acomodarse al lado de ella.

  • ¿De dónde sacaste los cigarrillos si vos no fumabas más? –preguntó él con su humor habitual; ella se lo quedó mirando un instante, y respiró hondo antes de contestar.
  • Son de Arturo
  • ¿De Arturo? ¿Y quién es Arturo?
  • Mi amante –confesó ella con sus ojos fijos en los de él.

Pasar la extensión de la cuarentena no fue fácil, debieron organizarse mucho más detenidamente y se acostumbraron, tácitamente, a dejar sobre la barra del desayuno los cartelitos de mensajes para el uno y el otro. Gastaron casi en su totalidad el cuadernito de anotaciones que ella tenía en la cocina. Lo único bueno para él fue que ya no le costaba cumplir la regla de dormir separados. El último día quiso preguntarle desde cuando ella… Lo interrumpió sin dejarlo terminar para decirle que no tenía sentido decir nada, que ya eran grandes para buscar chivos expiatorios, que era preferible dejar las cosas así.

Se vieron por última vez años más tarde en un cumpleaños de un amigo en común. Ella y Arturo habían decidido ir a probar suerte en Europa.

 

Fernando Barletta (01/04/2020)

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